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La Femina Accabadora – Nostra signora… del martello

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[…]Tzia Bonaria abrió la puerta después de ni siquiera un minuto, encontrando a María de pie junto a la pared mientras sostenía la almohada de lana hirsuta elegida como cachorro defensor. Luego miró a la sangrante estatua, más cerca de la cama de lo que parecía. Tomó la estatua bajo el brazo y se la llevó sin decir palabra; al día siguiente, la pila del agua bendita con Santa Rita adentro y el místico cordero de tizarizado como un perro callejero, feroz como un león, desapareció del aparador. María comenzó a rezar el Ave María sólo al cabo de un rato, pero en voz baja, para que la Virgen no la escuchara y la tomara en serio en la hora de nuestra muerte amén.[…]

Así, en las primeras páginas de su alucinante y maravillosa novela titulada “Accabadora” (Einaudi), Michela Murgia – ganadora del “Premio Campiello” – describe algunos personajes que animan un sangriento y trágico ritual utilizado en Cerdeña, especialmente en zonas como Marghine, Planargia y Gallura, hasta hace unas décadas. En Luras (Oristano) se encuentra el interesante Museo Galluras que ilustra la obra de estos extraños personajes.

La Accabadora era un ritual “necesario” para ayudar a los ancianos y enfermos a irse al más allá, personas a las que el conocimiento médico sólo podía prolongar, en vano, el sufrimiento.

La Femina Accabadora

femina accabadora
Más o menos así tuvo que aparecer a los ojos de los pueblos remotos de la campiña sarda, la Accabadora, en su conjunto una mujer valiente, altruista -no percebía nada por su “intervención”- y necesaria en las zonas rurales y en una época en que la medicina ofrecía poca esperanza en casos de enfermedades particularmente complejas y con pacientes de edad avanzada.

El personaje central de la novela es precisamente la Femina Accabadora, o “la que termina”, quizás del verbo español “acabar” con el significado de “poner fin” a la vida de los demás.

Por lo general, se trataba de una anciana, que vivía un poco aislada de la comunidad local, tal vez una especie de comadrona “polifacética”, la “chamana” de la aldea. Por la noche, entraba en la habitación del moribundo inconsciente, completamente vestida de negro y con la cara cubierta. Hacía sacar todas las imágenes sagradas y objetos a los que el moribundo podía estar particularmente unido, para hacer más simple y menos dolorosa, al menos a nivel afectivo, la separación del espíritu del cuerpo. Luego procedía a una especie de asesinato ritual -con la plena conciencia de los familiares de la víctima- con el fin de poner fin al sufrimiento físico de los ancianos, los enfermos más o menos “terminales”. Una especie de eutanasia real muy sangrienta.

La pobre e inconsciente víctima podía simplemente ser asfixiada con una almohada o -más frecuentemente- golpeándola en la frente o en la nuca con un ramo particular y pesado de madera de olivo, llamado “su mazzolu” (el martillo).

Una curiosa variación, menos sangrienta pero no más agradable, podría ser estrangularlo colocando su cuello entre las piernas de la despiadada “Accabadora“. El “su mazzolu” estaba hecho de un sólido pedazo de olivo (la cabeza del martillo), del cual brotaba una rama secundaria más pequeña, que, cortada correctamente, se convertía en el mango de la inusual arma.

su mazzolu
El letal “su mazzolu”, hecho de madera de olivo, diseñado para poner fin al sufrimiento terrenal de los enfermos terminales (y no sólo) de una Cerdeña en tiempos no muy lejanos.

Pero el ritual de esta inusual eutanasia consistía también en poner bajo el cojín del moribundo, durante al menos tres días consecutivos, un pequeño yugo que tenía la tarea de llamar a la vida al moribundo que había dedicado toda su vida al trabajo del campo, con bueyes atados a un yugo que tiraban del arado.

giogo
Pequeño yugo de madera

¿El paciente o los ancianos no respondieron positivamente a este intento de tratamiento? No te preocupes. La Accabadora, junto con los familiares de la “víctima”, procedía con Ammentu, es decir, susurraba todos sus pecados al oído del moribundo, para que pudiera arrepentirse. Este ritual podría hacerle mori inmediatamente, debido al peso psicológico de lo que se le recordaba, o hacer que se mejore por miedo a terminar lo antes posible en las llamas del Infierno.

Si la Accabadora no percibía signos de mejoría, procedía sin demora con una terapia de choque envolviendo al enfermo en una sábana empapada en agua helada y encerrándolo en un barril, oficialmente para bajar la temperatura corporal en caso de que la “víctima” tuviera ataques de fiebre. Pero una hermosa neumonía fulminante también podía ser una solución brillante al problema.

Las herramientas de Nuestra Señora del Martillo

La figura de Nuestra Señora del Martillo, la Accabadora, también estaba muy difundida en la península del Salento. El antropólogo del siglo XIX Saverio La Sorsa, sobre publicaciones relacionadas con las prácticas que yo diría shamanes de las primeras décadas del siglo XX en Puglia, escribió que

[…]Para aliviar la agonía de los que han violado un término o quemado un yugo […], es necesario poner una nueva piedra o yugo, una llave o un hacha, bajo la cabecera del moribundo. En algunos pueblos de Cerdeña, cuando el moribundo tardaba en exhalar su último aliento, sus familiares se acercaban a su cabeza o cuello con un peine o un yugo para aliviar su sufrimiento. […].

“Museo Galluras”

Hoy en día para los que quieren examinar en vivo “su mazzolu“, así como muchos objetos relacionados con las tradiciones rurales de la Cerdeña antigua, pueden hacer una interesante visita al “Museo Galluras”, en Via Nazionale en Luras (Oristano), donde dos hermosos habitantes de Gallura han conservado objetos, la historia, los recuerdos de las tradiciones y la vida cotidiana del lugar. Incluyendo, por supuesto las herramientas del oficio de alguna Accabadora ejerciendo hasta no hace mucho tiempo la profesión altruista.

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