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Nsala y Boali y las atrocidades del Estado Libre del Congo

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La foto que se ve arriba está fechada 1904 y retrata a Nsala, un hombre congoleño. Pero, ¿qué está mirando con ese aire de angustia? La respuesta te dejará asombrado. Nsala está mirando el pie y la mano cortados de su hija de 5 años. Esta foto histórica hizo de Nsala y Boali dos nombres clave en la triste historia del Congo, pero lo triste es que esta foto es mucho peor de lo que parece.

¿Peor que un hombre que mira las extremidades cortadas de su hija?

Sì.

Para entender cómo y por qué, sin embargo, demos un paso atrás.

El Estado Libre del Congo

El Estado Libre del Congo corresponde a la actual República Democrática del Congo y fue un reino privado del rey Leopoldo II de Bélgica. El rey lo gobernó desde 1885 hasta 1908 bajo un régimen dictatorial y se cometieron atrocidades indecibles en su nombre. El Congo estaba formado en su mayoría por territorios inexplorados y no tenía una gran economía. Leopoldo II decidió, por lo tanto, aprovechar al máximo el país para generar un retorno económico. Dividió el país en varias secciones y puso a cargo de cada una de ella personal europeo, compuesto principalmente por mercenarios. Una de estas secciones se llamaba Domaine Privé (propiedad privada) y todas las ganancias producidas iban directamente a los bolsillos de Leopoldo II.

El soberano pronto logró sacar provecho del Estado Libre del Congo, pero para él, uno de los hombres más ricos de la época, no fue suficiente. Entonces decidió recortar los sueldos de los oficiales y reemplazarlos con comisiones que variaban de acuerdo a lo que el área de su competencia era capaz de producir. El 35% de la población fue utilizada como mano de obra, convirtiéndose de hecho en esclavos.

Caucho

Uno de los mayores recursos del Congo era el caucho, que los nativos tenían que recoger. Para extraerlo, cortaban a través de las plantas de las cuales era producido y luego rodaban encima de ello, para que se pegue a su piel. Una vez seco, lo despegaban de su propio cuerpo, con mucho dolor. Un kilo de caucho, cuya producción había costado 1,35 francos, se vendía en Europa por 10 francos. Después de algún tiempo, las reservas de caucho comenzaron a disminuir y ya no podían cubrir las cuotas requeridas por Leopoldo II. Aquí es donde entra en juego la violencia (más de la que ya estaba siendo utilizada).

Amputación de manos

Nsala e Boali

Para hacer cumplir las cuotas, se creó la Fuerza Pública, liderada por europeos pero con una tropa formada por indígenas. Este tipo de fuerza policial aterrorizó a la población, llevó a cabo diversas atrocidades e incluso quemó aldeas enteras. Cuando alguien no podía producir suficiente goma, lo mataban a tiros. Los oficiales, sin embargo, temían que las balas se usaran, en lugar de matar a los lugareños, para cazar y así obligaron a las tropas a traer una mano cortada del cadáver por cada bala utilizada.

Las manos pronto se convirtieron en trofeos para mostrar y cuantas más manos llevaban, más elogiados eran. Cuando no se alcanzaba el cupo establecido de caucho, bastaba con integrarlo con unas pocas manos cortadas y todo se estabilizaba. Las manos cortadas eran tan apreciadas por los oficiales, que los soldados comenzaron a amputar las manos de personas vivas, dejándolas desangrarse hasta morir. Algunos, durante los ataques de violencia de la Fuerza Pública, fingían estar muertos y permanecían inmóviles incluso cuando les cortaban las manos, y luego buscaban ayuda.

Nsala y Boali

Y aquí estamos, finalmente, hablando de Nsala y Boali. Nsala era un hombre cuya única culpa era no haber recogido suficiente caucho para enriquecer los bolsillos de un rey extranjero que se había impuesto por la fuerza en su tierra. Como castigo, las tropas amputaron la mano y el pie de su hija Boali, de apenas 5 años de edad y sólo después de eso la mataron.

Pero no satisfechos, también mataron a la esposa de Nsala. Pero quizás ni siquiera esto parecía un castigo apropiado, por lo que canibalizaron los cuerpos de la esposa y la hija de Nsala, llevando los restos de su hija al hombre. La foto histórica fue tomada por Alice Seeley Harris, una misionera que fotografió y denunció los abusos en el Congo.

En 1908, finalmente, gracias a la presión de la opinión pública y al descubrimiento de las atrocidades, el Congo se anexionó a Bélgica, tomando el nombre de Congo Belga y poniendo fin a la tortura.

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