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El monstruo de la Maiella – Escapé mientras violaba a mi hermana

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mostro della Maiella

La triste frase del título es la que pronunció la única superviviente de la masacre del monstruo de Maiella, Ali Hasani Aliyebi, en 1997. Lo pronunció la joven de apenas 17 años Silvia Olivetti.

monstruo de la Maiella
Silvia, Diana y Tamara
Monstruo de Maiella
De izquierda a derecha: Silvia, Diana y Tamara

Silvia y Diana Olivetti son dos hermanas, amigas de Tamara Gobbo, con quien comparten la pasión por el senderismo y el excursionismo de montaña. Las tres chicas salieron de vacaciones de Albignasego, en la provincia de Padua, y se dirigieron a los Abruzos, donde pasaron unos días inmersas en la naturaleza, durmiendo en carpas. Decidieron entonces acampar en el camping “Colle dei Lupi” de San Giacomo, en la provincia de Perugia, y el 20 de agosto por la mañana se dirigieron al refugio del paso de San Leonardo, a unos diez kilómetros de su campamento, con la idea de continuar después a pie por un sendero panorámico que les llevaría al Monte Morrone.

Se pusieron en marcha temprano y al cabo de un par de horas se encontraron con un joven con dos caballos y una mula, probablemente un pastor de la zona, y le pidieron indicaciones para llegar al Monte Morrone. El joven se ofrece a acompañarlas durante un trecho, advirtiéndoles de la presencia de unos perros callejeros. Las chicas le dan las gracias y parten con él, sin saber que ése será su verdugo y que ésos serán los últimos momentos de sus vidas.

La masacre

El chico las lleva a una arboleda, donde saca una pistola y apunta a las tres amigas. Silvia le ofrece dinero, pero eso no es lo que quiere Hasani. Silvia insiste y él le dispara en el pecho y en el hombro, haciéndola caer al suelo. Diana, la hermana de Silvia, grita desesperada creyendo que su hermana está muerta, pero Hasani va hacia Silvia y la levanta por el pelo, diciéndole: “No está muerta y ten cuidado porque tengo más balas”. Es entonces cuando Tamara grita, asustada, y es entonces cuando Hasani le dispara dos tiros. Tamara cae al suelo. Ahora sólo queda Diana.

Hasani le ordena que se desnude, amenazándola con la pistola, y Diana obedece. Silvia sigue viva y consciente, pero finge estar muerta. Oye a los dos marcharse, abre los ojos y ve a Hasani sobre su hermana en la distancia. La está violando. Silvia oye un disparo y es en ese momento cuando se da cuenta de que debe escapar. Se levanta y huye, escondiéndose al cabo de un rato bajo una roca, aterrorizada. Está sin aliento, herida, sangrando y acaba de ver morir a su hermana y a su amiga. Llueve y hay niebla, teme que la encuentre el asesino, pero Hasani no la encuentra.

La chica empieza entonces a correr, hasta que llega a la aldea de Marane, cerca de Sulmona, donde es rescatada por unas personas.

El monstruo de la Maiella – Ali Hasani Aliyebi

En cuanto llegan los carabinieri, Silvia, a pesar de su terrible experiencia, les cuenta todo lo que recuerda. Cada detalle: el aspecto del chico, su ropa, cada pequeño detalle y su acento.

Gracias a su minuciosa descripción, los investigadores se centran en los pastores eslavos, muy comunes en esa zona, donde trabajan como ayudantes de los granjeros. Allí encontraron al ilegal Hasani, de 23 años, en el lugar donde trabaja, durmiendo plácidamente. Ni siquiera intentó escapar, y una vez detenido confesó inmediatamente.

Fue condenado a cadena perpetua, que empezó a cumplir en Italia, pero inmediatamente solicitó el traslado a su patria, Macedonia, adonde fue trasladado en 2005 y donde actualmente cumple condena.

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