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La masacre de Circeo

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Esta es una historia de un crimen real, que se refiere al secuestro y tortura que sufrieron dos chicas de 17 y 19 años por parte de tres jóvenes fascistas. Una de las víctimas fue asesinada por sus captores. La otra se salvó de milagro… fingiendo estar muerta.

La historia de los torturadores

Los hombres responsables de la masacre son Gianni Guido, de 19 años, Angelo Izzo de 20 y Andrea Ghira de 22. Cuando ocurrió la masacre Guido era el único del grupo sin antecedentes penales, mientras que Izzo y Ghria ya habían tenido serios problemas con la ley.

Andrea Ghira era un joven adinerado, hijo de un conocido hombres de negocios romano. Sus problemas con la policía comenzaron cuando tenía 16 años: participó de un evento político de extrema derecha y fue condenado por protesta sediciosa. En 1972 fue denunciado por amenazar a alguien con un arma y provocarle heridas de consideración, y en 1973 fue arrestado y condenado a 5 años de prisión por robo a mano armada e intrusión en casa ajena, un delito que cometió junto a Izzo.

Izzo también era un joven rico que vivía en Parioli, el barrio más lujoso de la ciudad de Roma. Con sólo 13 años se afilió a una asociación de estudiantes de extrema derecha y usó la política como excusa para cometer sus atrocidades favoritas: violación, robo y asesinato.

Antes de la masacre de Circeo, Izzo había violado a dos mujeres, recibiendo una sentencia de dos años y medio que no completó. Sólo estuvo en prisión unos pocos meses.

La masacre

Corpse of Rosaria Lopez

Rosaria Lopez era una barista de 19 años y Donatella Colasanti una estudiante de 17. Gracias a un conocido que las presentó —Carlo— se encontraron con Guido e Izzo y pasaron una tarde muy agradable conversando en un bar. Los dos muchachos invitaron a Rosaria y Donatella a pasar tiempo juntos al día siguiente, pero Donatella tenía otros compromisos, de modo que acordaron una cita para el lunes siguiente. Las chicas fueron invitadas a una distinguida fiesta en el barrio de Andrea Ghira, uno de los amigos de Guido e Izzo.

Una tercera chica había sido invitada también, pero decidió a último momento no asistir.

Las muchachas llegaron a la cita a las cuatro de la tarde del 29 de septiembre de 1975 y sólo Izzo y Guido estaban presentes. Los jóvenes dijeron que Carlo los había invitado a pasar la tarde en Lavinio, en la provincia de Latina. Mientras conducían hacia Lavinio, Gianni se detuvo en un bar, supuestamente para llamar a Carlo, y cuando regresó al coche les dijo a sus amigos que Carlo se había ido a la playa, pero que les había dado permiso para ir a su casa y pasar la tarde allí.

La casa de verano estaba en el Circeo y no era de Carlo, sino de Andrea Ghira. A poco de llegar, los jóvenes le pidieron a las chicas tener sexo con ellas, pero Donatella y Rosaria se negaron. Guido entonces sacó un arma y les dijo que era parte de los Marsigliesi (una mafia italiana que operó en ese país y en Francia durante los años 70) amenazando a las mujeres para que obedecieran sus órdenes. Guido añadió que su jefe, Jacques Berenguer, estaba en camino, que era un hombre muy violento y que de negarse no tendrían oportunidad de sobrevivir. Las dos jovencitas se dieron cuenta de que no tenían escapatoria.

Guido e Izzo las violaron y las arrastraron hasta el baño, donde las encerraron mientras esperaban a Jacques, quien en realidad no era otro que Ghira. Las dejaron allí toda la noche y a la mañana siguiente, cuando Izzo abrió la puerta del baño, se encontró con el lavabo dañado. Esto le causó una ira violenta y comenzó a golpear a las muchachas.

Así, Donatella y Rosaria fueron llevadas a cuartos separados, donde comenzó un calvario de golpizas y violencia.

Hacia el atardecer llegó Ghira, diciendo que él era el líder de los Marsigliesi y que las llevaría hasta Roma. Pero en vez de viajar las doparon con 3 inyecciones cada una, aunque esto no las durmió. Rosaria fue llevada a otro cuarto, donde la dormirían «con cloroformo». Donatella pudo oirla gritar y llorar varios minutos y luego, de repente, se hizo el silencio. La habían matado ahogándola en la bañera.

Los torturadores se acercaron a la otra chica y la golpearon con la culata de un arma hasta dejarla en el suelo. Ataron una cuerda alrededor de su cuello y la arrastraron por la vecindad para estrangularla. La joven se desvaneció, pero no murió.


Cuando recobró el conocimiento, Donatella oyó que uno de los hombres decía «parece que ésta no se quiere morir»

y la golpearon otra vez en la cabeza, esta vez con una barra de metal. Donatella entendió que la única forma de salvarse era actuar como si estuviera muerta. Los tres hombres creyeron su actuación y la colocaron junto al cuerpo de Rosaria en el maletero del coche, luego de lo cual condujeron a Roma para salir a cenar. Durante el viaje Donatella podía oir a sus secuestradores riendo mientras decían: «mira cómo duermen esas dos» y «no alces la voz, ¡no quieres despertar a las muertas!».

Aparcaron el coche en la calle Pola y se alejaron caminando. Donatella gritó y logró llamar la atención de un sereno, quien avisó a un policía. Éste envió un mensaje a una patrulla cercana; el mensaje fue además interceptado por un periodista que se hizo presente junto con la policía y tomó fotos de Donatella en el momento de ser rescatada.

Guido e Izzo fueron arrestados momentos después, mientras que Ghira logró escapar. Donatella fue admitida en el hospital con heridas graves pero con heridas psicológicas aún peores, de las cuales nunca logró recuperarse.

El caso es llevado a la Corte

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Los tres hombres fueron juzgados —Ghira sin estar presente en el juicio— y sentenciados a prisión perpetua. Luego se supo que Ghira escapó a España, cambió su nombre a Massimo Testa de Andrés y se enlistó en la Legión Extranjera, de la cual fue expulsado en 1994 por uso de drogas. Cuando murió ese mismo año de una sobredosis, el cuerpo fue oficialmente reconocido como el del criminal prófugo.

Sin embargo, no todo es claro acerca de su paradero luego de la fuga y hay quienes piensan que podría seguir vivo. En 1995 se tomó una fotografía de un hombre sospechoso caminando en los suburbios de Roma. Los análisis policiales parecen confirmar que el hombre era Ghira.

Guido e Izzo trataron en vano de escapar luego de ser apresados en 1977. Guido apeló y sus abogados lograron reducir su sentencia a sólo 30 años de prisión; luego de ser trasladado a otra cárcel escapó en 1988. Huyó hacia Argentina y luego a Panamá, en donde fue capturado en 1994. Diez años después y por su supuesta buena conducta los jueces decidieron concederle la posibilidad de libertad condicional, pero en lugar de enderezarse cometió dos asesinatos más. En 2007 fue sentenciado otra vez a prisión de por vida.

Gianni Guido convenció a los asistentes sociales de que ya no era un peligro para la sociedad en 2008, luego de 14 años en prisión, logrando una reducción en su condena. Gracias a ese artilugio legal ha gozado de libertad desde 2009.

Donatella murió en 2005 a los 47 años, debido a un cáncer de seno. Sus últimas palabras fueron «luchemos por la verdad».