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Peter Bergmann, un hombre misterioso

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El suicidio de Peter Bergmann es uno de los misterios sin resolver más fascinantes de los últimos tiempos. Este hombre viajó a Irlanda, en donde se hospedó en un hotel durante varios días, durante los cuales salía de madrugada para llevar a cabo algunas actividades extrañas. Finalmente fue encontrado muerto en una playa.

El misterio

En junio de 2009 un hombre de cabello entrecano y chaqueta de cuero llegó a County Slingo, Irlanda, en un autobús. Su intención, según parece, era desaparecer sin dejar rastro.

Su procedencia y su nombre real son todavía un misterio; lo único que sabemos es que viajó incansablemente y borró toda pista de su existencia anterior antes de morir en una playa en Rosses Point.

Cuando hallaron su cuerpo no llevaba documentos consigo ni nada que pudiera revelar su identidad; incluso había removido las etiquetas y bordados de su propia ropa. Desde el día de su muerte, el 16 de junio de 2009, los investigadores han intentado arrojar luz sobre este misterio, pero lo único que es claro como el agua es que este hombre tenía una férrea intención de desaparecer anónimamente.

Los últimos dias de Peter Bergmann

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El misterioso sujeto llegó a la estación de bus de Sligo el 12 de junio de 2009 por la tarde. Llevaba un bolso de mano y un bolso grande de viaje. Abordó un taxi que lo llevó hasta el hotel y allí se registró como Peter Bergmann, con domicilio en Austria. El hombre tenía un notorio acento alemán,

pero luego de su muerte la investigación mostró que no hay ningún Peter Bergmann en Europa, los Estados Unidos o Sudamérica que encaje con la descripción de este sujeto, y que su supuesto domicilio no es más que un terreno baldío.

Cada mañana, durante 3 días, «Peter» abandonaba el hotel sólo con una bolsa plástica violeta para regresar con las manos vacías. Se sospecha que estaba deshaciéndose de su ropa y efectos personales poco a poco, pero estos objetos no fueron encontrados por ninguna parte luego de su deceso.

Las imágenes de las cámaras de seguridad son pocas, con lo cual es evidente que «Peter» planeó todo muy cuidadosamente. En Sligo hay decenas de cámaras de seguridad en las calles y todas están en lugares visibles; debe haberlas evitado tanto como fuera posible, descartando sus pertenencias en un lugar muy alejado de la ciudad.

La policía afirma que intentó buscar pistas por toda la ciudad: en cestos de basura, parques públicos, jardines privados e incluso en el relleno sanitario local. Pero la búsqueda no sirvió de nada.

En su segundo día en Sligo, «Peter» compró una estampilla de 82 centavos en el correo. Jamás se supo quién era el destinatario de la carta, ni dónde se envió.

El día antes del hallazgo de su cuerpo, el hombre le pidió a un taxista que lo lleve a la playa más tranquila del lugar. El conductor se detuvo en Rosses Pointport y una vez allí, el misterioso pasajero miró a su alrededor satisfecho, subió nuevamente al coche y pidió ser llevado de vuelta a Sligo.

Había encontrado el lugar donde quería morir.

Al dia siguiente hizo el check-out del hotel y compró un boleto de ida a Rosses Point.

«Peter» abandonó el hotel con tres bolsas, incluyendo la de plástico violeta, pero arribó a la estación del bus con sólo dos. Allí solo se detuvo a comer un sandwich y tomar un capuccino.

Aunque no habló con nadie, muchos transeúntes recuerdan haberlo visto en la playa. Una pareja afirma que pasó a su lado y lo saludó el 15 de junio a las 22.30. Al amanecer del 16 de junio su cuerpo fue encontrado por un hombre que salió a correr por la playa.

Un caso con muchas rarezas

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El sujeto había quitado todas las etiquetas de la ropa, aún las de la ropa interior, de forma muy cuidadosa para asegurarse de no dejar ningún rastro.

La autopsia reveló que murió ahogado, pero que asimismo sufría de cáncer de próstata con metástasis en los huesos

y que había tenido infartos previamente. Sin embargo, el examen toxicológico salió limpio: no había tomado siquiera una aspirina.

La policía intentó averiguar su identidad, mostrando su foto no sólo en Irlanda sino en varios países de Europa.

Los investigadores tomaron su ADN y huellas dactilares y las enviaron a todas las fuerzas policiales. Nuevamente, no tuvieron éxito.

«Peter» probablemente pensó que su cuerpo sería arrastrado por la corriente y nunca lo encontrarían. Pero la suerte quiso que lo encontraran con facilidad, dando origen a uno de los misterios más tristes y fascinantes del siglo.

Sus últimos días en Irlanda inspiraron un documental titulado “Los últimos días de Peter Bergmann”, el cual ganó el premio a Mejor Documental en el Festival Internacional de Melbourne de 2014.

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